Hoy se ha aprobado la polémica -en parte- nueva ley para favorecer a las personas homosexuales el mismo trato en cuestiones de matrimonio que cualquier persona heterosexual.

PP y UD han votado en contra de esta ley y la fiel oposición ha criticado la rapidez con que se ha tramitado esta nueva ley para que coincidiera con la semana del día del orgullo gay. Parece que esta oposición ya no se acuerda de las leyes que agilizaron para aprobarlas lo antes posible y que no causaran demasiado movimiento mediático.
He estado discutiendo con varias personas sobre estos temas y, la verdad, nadie me ha dado una razón coherente para que las personas homosexuales no puedan casarse ni tener la opción de adoptar a niños.

Razones como: “es antinatural”, “un niño tiene que tener a un padre y una madre” han aparecido en esas discusiones y, la verdad, sigo sin encontrarles sentido por múltiples razones. ¿Acaso una separación no aparta a los niños de sus figuras paternas? ¿Acaso la viudez no aparta también a las figuras paternas? ¿Y por eso le quitan a los niños? Por supuesto que no, quien iba a pensar eso. Pues lo mismo ocurre con las parejas homosexuales, no porque un niño se críe con una pareja gay va a salir gay, ni lesbiana dado que, los padres serán lo suficientemente inteligentes para contestar a sus hijos las preguntas que se harán cuando vean que en su casa lo que hay, no es del todo “normal”. Y en cada familia hay muchas cosas no-normales ¿o no?.

Creo que cualquier persona tiene que tener el derecho de poder adoptar un niño con su pareja, independientemente de su condición sexual. Otra cosa es que no esté preparado para hacerlo pero ¿acaso todos los heterosexuales lo están? No, y algunos los tienen sin estarlo.

El resto del trabajo lo tienen los servicios sociales, el Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer. Y lo que diga la Iglesia le tiene que venir al pairo, porque si hiciéramos caso de lo que dice, tendríamos que juntar a todos los gays y lesbianas en un campo de concentración y obligarles a cumplir el voto de castidad, como bien dijo nuestro nuevo Papa Benedicto XVII.