Viene sola, no llama por teléfono ni te avisa el día anterior, se presenta a tu lado, atenta a lo que haces, expectante, espera el mejor momento para meterte en la cabeza que es mejor hacer cualquier otra cosa que estar delante de los apuntes. Te hace ver las cosas de otra manera, lo que antes odiabas, ahora es una buena manera de perder el tiempo. Y es fuerte, muy fuerte. Tan fuerte que la pobre responsabilidad solo puede con ella en ciertos momentos, cuando la conciencia la ayuda y la presión está detrás tuya soplándote la nuca. Sólo en esos momentos es cuando ella se debilita, pero está tranquila, mañana será otro día y volverá con fuerzas renovadas, así hasta el fin de la época de exámenes.