Hace ya más de un mes que la época de navidades ya acabó, pero desde hace ya un mes tengo una idea que viene rondando la cabeza, sobre todo después de la última comida familiar que he tenido. Os explico, en mi familia por parte materna siempre ha sido “tradición” comer marisco en fiestas, ya sea en navidad como en algún cumpleaños señalado y cada vez que lo hacemos se escuchan diferentes declaraciones de diferentes personas de la familia como “pero mira que grande son las cigalas”, “a quien le diga que en navidades tomamos 6 clases de marisco…”, “si es que en otras casas solo toman un par de gambones y nada más, pero aqui…”. Lo más curioso fue la semana pasada, que fuimos a comer a un restaurante por el 88 cumpleaños de mi abuela (¡felicidades abuela!) y pedimos, como no, algo de marisco y salieron frases como “pero qué pequeñas son”, “no tienen ni sabor…” y cosas por el estilo. Estas actuaciones de los miembros de mi familia, y mía también que me contagio de la actitud supongo, me lleva a pensar que somos lo que comemos.

La frase no la referencio en plan el programa de Cuatro Soy lo que como, sino en plan de que cuanto mejor es lo que comes, parece que eres mejor socialmente. Parece que cuando vas fuera, o hablas con tus amigos o familiares tienes que dártelas de mucho (en este caso con el marisco) para que vean que perteneces a una familia bien, y que en tu casa en determinadas fechas no se come coliflor con bacalao, sino 6 clases de marisco.