El equipo de la segunda quincena de Agosto. Son más guapos de lo que parece en la foto

Mi trabajo de verano como monitor de campamento acabó el 29 de agosto, pero por culpa de tener un examen el pasado jueves y la falta de inspiración para escribir, no lo he hecho hasta ahora.

Creía que esta última quincena (docena más bien) iba a ser la peor, que iba a estar demasiado cansado y saturado para poder hacer el trabajo correctamente. Lo cierto es que el primer día fue así, pero después de darme cuenta del increíble equipo de monitores que tenía a mi lado y el genial grupo de acampados que había, todo fue a mejor.

El grupo de acampados fue algo que me sorprendió. En todo el verano tuvimos grupos de lo más variopinto, unos muy buenos, otros no tanto, que entraban en las actividades, que pasaban un poco… pues este último fue lo mejor de lo mejor. Se portaron excelentemente bien, entraron siempre en todas las actividades, eran super cariñosos y amigables y siempre estaban todos con una sonrisa y dispuestos a hacer lo que les dijéramos. A los días llegamos a la conclusión que eran tan buenos porque en esta época, los únicos chavales que van son los que no han suspendido y no van a septiembre, por lo que era más o menos normal que fueran tan buenos.

Así que no he tenido mejor final para todo un verano trabajando como monitor. Ahora es cuando echo de menos esas instalaciones de las que estaba un poco saturado, cuando añoro a mis compañeros y a esos chavales que tan buen sabor de boca me han dejado. Pero hay una cosa que echo mucho de menos, el mar. Salíamos al mar todos los días y lo teníamos al lado, por lo que estar ahora en la ciudad y no verlo todos los días me da mucha morriña.

¿Cómo valoro la experiencia? Pues genial e irrepetible. No me arrepiento haber perdido todo el verano por trabajar con chavales, ya que le cansancio y el estrés, cuando estás haciendo algo que te gusta, no se notan.