Hoy en Pontevedra hay un concierto de Sexy Sadie en la Sala Karma que vale 18€. Es un precio aceptable contando quién es el grupo y que la sala, para lo que es Pontevedra, no está del todo mal. En verano asistí a un concierto de Love of Lesbian en acústico en El Náutico de Ogrobe y me cobraron, si mal no recuerdo, 20€, que aunque era algo caro lo acabé pagando porque podía valer la pena (y así lo hizo).

Hoy, si quiero ir al cine en Pontevedra a ver La piel que habito la nueva de Almodóvar me cuesta 7,90€, un precio que puede ser algo caro pero vamos, es una película de Almodóvar y no te vas a quedar sin opinión. Pero si no me apetece darle muchas vueltas a la cabeza puedo ir a ver Cowboys vs Aliens, una película de tiros que huele a mala que tira para atrás ¿cuánto me cuesta? Pues también 7,90€ pese a que es una película infinitamente más mala.

Lo curioso no es que valgan las dos películas igual (o sí), si no que si alguna de las dos fuera en 3 dimensiones, el cine se apresuraría a cobrarme, mínimo, 2€ más por el visionado, no vaya a ser que me llevara las gafas para casa o que el dolor de cabeza después de ver la película encima mía no me doliera bastante en el bolsillo.

Ahora es cuando me pregunto, si hacen esta diferencia entre películas de diferente formato ¿por qué no hacen lo mismo con películas de diferente calidad? Dicen que el cine está en crisis y que no va mucha gente ¿no? Pues si realizaran ofertas en los precios (más allá del 2×1 o el día del espectador) la gente iría más, ya que yo no pago casi 8€ por ver Cowboys vs Aliens, pero si me lo pones a 4 o a 5 euros… pues quizás me lo pienso.

Y aquí no me vale echar la culpa a las distribuidoras que disminuyen el margen, ya que todos sabemos que siempre hay un margen de beneficio y estoy completamente seguro que les vale mucho menos comprar Noche de Miedo 3D que la nueva de Phineas y Ferb. Lo que ocurre es que quieren llevarse siempre el máximo porcentaje y les sale más claro poner todo al mismo precio y no enseñar al espectador que unas películas valen más que otras, tanto por su calidad, su fama o porque se sabe que van a ser auténticos blockbuster.

A lo mejor hay otras ciudades en las cuales las salas de cine siguen otra política de precios, pero aquí es así como están las cosas. Y luego se quejarán diciendo que la gente no va al cine o que las descargas están matando a la industria. No me extraña, con esta política de precios, aunque no hubiera descargas, el cine seguiría estando en este estado (o incluso peor).