La S viene de… ¿superman?

Pues ya tengo entre mis manos el nuevo cacharrito que esperaba tener desde hace tiempo, un iPhone 4S.

Desde que mi iPhone 4 pasó a mejor vida por causas ajenas a mi voluntad (no me apetece recordarlo), he saltado de teléfono en teléfono sin que ninguno me convenciera.

Primero estuve con una Blackberry, que es un sistema que ya conocía y al que le tengo un cariño especial. Para leer correos es uno de los mejores sistemas, pero para todo lo demás el sistema de RIM es un auténtico desastre. No podía navegar, no podía instalarle ni una mísera aplicación para ver el Facebook… vamos, que para alguien como yo ese teléfono no servía.

Más tarde volví a Android. Había tenido una HTC Magic en los primeros momentos de vida del sistema de Google y la verdad, no me había disgustado. Me hice con un ZTE Blade, un móvil chino muy barato y liberable mediante IMEI que me valió como salvavidas durante unos cuantos meses. Eso sí, Android no es un sistema para mí. Al ser tan “toqueteable” acabo metiéndole mil cosas que hacen que el móvil acabe yendo lento y funcionando mal a la mínima. Aguanté pero no pude más.

Y ahora vuelvo a iOS, el sistema operativo de Apple. Es el paraíso. Esta opinión no está sesgada por lo fanboy que puedo ser de Apple, si no por la experiencia (como podéis ver con mis anteriores teléfonos). Que un sistema vaya a las mil maravillas es lo mejor que te pueden echar a la cara. Y es que lo mejor que tiene un iPhone no es su cámara o su pantalla (que también), si no que su sistema operativo es exclusivo para su hardware, con lo que se consigue un rendimiento tan increíble que no es comparable a otros sistemas.

Yo desde aquí os digo. Si podéis adquirir un iPhone hacedlo, será una compra de la que no os arrepentiréis nunca.