Siempre es complicado volver a escribir en un blog personal cuando llevas más de cuatro meses sin hacerlo. Disculpas no voy a pedir porque no creo que haya mucha gente al otro lado que se haya sentido defraudada por mi ausencia en la escritura, pero lo cierto es que desde la última vez que escribí ha llovido mucho, quizás demasiado.

Y digo demasiado porque desde octubre he visitado tres países (Dublín, Inglaterra y Portugal), he tenido y dejado trabajos, he tomado la decisión de emanciparme (como decimos por aquí, sen tempo non era) y he encontrado (o me encontró ella) a alguien que ahora está en mi vida, alguien que está en mi cabeza la mayor parte del tiempo, que aparece cuando me despierto y que es el último pensamiento cuando me acuesto. Alguien importante.

Y todo esto ocurrió en sólo cuatro meses. Cuatro meses que me han cambiado por dentro y por fuera, que han cambiado la forma en que me tomo la vida y que me han hecho sonreir de una manera que no recordaba.

¿Lo mejor de todo? Que tengo la impresión de estar aún empezando.

Foto | marcp_dmoz