“Para que algo sea bueno, tiene que terminar”

Muchas veces he repetido esa frase este verano (lo cierto es que lo hago todos los años) y cada vez que pienso en ella no puedo estar más de acuerdo. La felicidad es un estado de ánimo que no puede ser permanente. Puede ser habitual y frecuente pero no podemos estar felices todo el tiempo ya que si lo estuviéramos, no la valoraríamos y se convertiría en algo a lo que no le daríamos importancia.

Ahora que ya te comienzas a tapar algo de noche, cuando ves que las primeras nubes empiezan a cubrir el cielo y que ya no hay tantos turistas te das cuenta que el verano se está acabando. Esta suele ser una época en la que soy muy feliz y al terminarlo no puedo si no sentir algo de pena y añoranza. Pero no todo es negativo, ya que cuando acabe este gran verano cada día solo será uno menos para que el siguiente vuelva.

La foto que acompaña esta entrada la hice en Arnela (Porto do Son, A Coruña), un campamento al que voy todos los años de voluntario y en el que siento la felicidad plena. No he podido encontrar otra foto mejor que esta para recordar lo que podré disfrutar dentro de menos de un año.