El pasado día de difuntos (1 de noviembre para los no católicos) a mi señor padre le dio por querer ir a fotografiar el Cementerio de San Mauro, uno de los cementerios de la ciudad de Pontevedra y que seguramente estaría muy bonito después de la festividad. Salió un día algo gris pero apropiado para sacar fotos así que fuimos armados con nuestras DSLR a inmortalizar lo que ya está muerto.

Cual fue nuestra sorpresa que en el momento de irnos apareció un empleado público del cementerio y nos llamó la atención de que no se podían sacar fotos debido a que era un recinto “privado”. Curiosamente, el funcionario llevaba una cámara al cuello pero nos comentó que él podía al ser empleado y que si no éramos prensa teníamos que dejar de sacar fotografías.

A mí personalmente el tema me escamó. El cementerio es un terreno público donde la gente puede alquilar (a perpetuidad o no) lugares para los que enterrarse a ellos mismos o a sus seres queridos. Si es un terreno público ¿por qué no puedo acaso sacar fotografías de la misma manera que si estoy en la calle? Me pareció tan extraño que investigué.

Buceando un poco encontré varios casos similares, tanto en País Vasco como en Almería, donde los gobiernos consistoriales implantaron la norma de no sacar fotografías para proteger, al menos así lo dicen en la capital andaluza, el luto de los que puedan estar allí con su credo.

Entiendo que, quizás, a la gente puede no gustarle que la retraten practicando el duelo a sus seres perdidos pero no comprendo que se prohiba totalmente sacar fotografías. Los cementerios pueden ser lugares turísticos que a la gente le gusta visitar debido a las numerosas tumbas curiosas e interesantes que puede haber. En Europa hay numerosos cementerios que son auténticos reclamos turísticos y nadie se echa las manos a la cabeza porque se pierda el respeto a los que yacen allí. ¿Por qué entonces está, supuestamente, prohibido en Pontevedra?

Al final nos fuimos igual con nuestras fotos porque ya habíamos terminado. Eso sí, con un buen sermón encima de una periodista muy famosa en Pontevedra que iba con el señor funcionario, la cual nos intentó dar una lección de la propiedad privada sin tener mucha idea de lo que estaba hablando, sobre todo sabiendo a posteriori que el Concello de Pontevedra organiza visitas nocturnas guiadas al propio cementerio. Muy PTV todo vamos.