Desde que se “inventaron” las redes sociales y la información ganó la posibilidad de ser viral el peligro de engaño de los medios tradicionales ha crecido exponencialmente. Los medios, tradicionales o no, no quieren quedarse atrás ante la inmediatez y para competir con ella suelen aventurarse ante cualquier contenido que parezca real, saltándose todas las normas básicas de documentación y comprobación que tiene el periodismo.

Uno de estos últimos engaños fue orquestado por Jimmy Kimmel, conocido conductor de un late show de Estados Unidos que esta semana engañó a los medios con la presencia de un lobo en un hotel de las Olimpiadas de Sochi. ¿Cómo lo hizo? Sencillo. Montaron un escenario igual que los pasillos del hotel, cogieron un lobo amaestrado, grabaron el vídeo y le pidieron a la deportista olímpica Kate Hansen que subiera el vídeo a la cuenta de Twitter.

Aunque el engaño tiene cierta de gracia a mi me parece una muy mala práctica. Kimmel es conocido por hacer este tipo de cosas (es famoso por su vídeo del fail de twerking), pero este vídeo creo que se pasa un poco de la raya. La razón es simple: tal y como dice la deportista en el vídeo la grabación hizo que la seguridad del hotel y el evento en sí se pusiera en alerta inmediata, ya que si se había colado un lobo en sus instalaciones se podía colar cualquiera con lo que era una brecha en la seguridad.

Utilizar a la deportista ha sido un gran error que podía haber provocado algo importante (imaginad que la seguridad se disminuye en un sitio importante por reforzarla en el hotel que no ha ocurrido nada). Una cosa es engañar con algo divertido (como el vídeo del “twerking”) y otra cosa es meterse con palabras mayores como la seguridad de unos Juegos Olímpicos.

¿Todo vale? Parece que para Kimmel sí.