Demasiado Personal

Mi sitio

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Despertar

Faltan cinco días para que se cumplan dos meses de mi traslado a Madrid. Desde aquel 29 de diciembre han pasado muchas cosas. En estos casi 60 días he tenido de todo, desde grandes momentos, pasando por epifanías y llegando grandes bofetadas en la cara que me han hecho perder unas cuantas horas de sueño. Desde el primer momento sabía que este salto al vacío no iba a ser fácil, pero lo cierto es que todo lo malo que ha pasado hasta ahora se ha visto recompensado enormemente por todos los buenos momentos, tanto a nivel laboral como personal.

Sin embargo, pese a estar acostumbrándome a Madrid y todo lo relacionado con ella sigo sin encontrar mi sitio. Al lado de mi casa hay un pequeño descampado en el que un gato se sienta todas las tardes en un pequeño cojín para mascotas que alguien dejó allí abandonado. Cada vez que lo veo pienso lo afortunado que ha sido en encontrar un lugar en el que se siente cómodo y seguro. Le envidio por haberlo encontrado y yo aún estar en el camino de hacerlo. Y es que mudarme a Madrid ha sido abrir un camino. Un nuevo camino que en ocasiones parece lleno de maleza que tengo que apartar con mis manos desnudas y en otras, simplemente es una cinta transportadora por la que me dejo llevar a mi destino.

Hace unos días me comentaron que las buenas temperaturas en Madrid llegan sin que te enteres. De repente un día el frío y el viento de la sierra desaparece para dar paso a un sol caliente y a unas temperaturas más que agradables. Estoy seguro que la búsqueda de mi sitio, ese donde me siento cómodo y seguro, llegará como las buenas temperaturas a tierras madrileñas. De repente, sin que me de cuenta.

Mientras tanto, sólo me queda vivir el día a día y convivir con la morriña. Que no es poco… ni poca.

Un nuevo comienzo

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Las cosas buenas vienen de repente, sin avisar y sin esperarlas demasiado. Estas dos últimas semanas me ha ocurrido algo que no esperaba, y es que he conseguido trabajo, más concretamente, como Consultor Marketing digital en The Cocktail, una gran empresa mayoritariamente en Madrid y que tiene grandes proyectos tanto a su espalda como entre manos.

¿Qué ha supuesto este cambio? Pues, por ahora, que me he venido a vivir a Madrid. El cambio no está siendo sencillo, pero pese a que siempre he dicho que no me gustan las ciudades grandes, creo que puedo cambiar mi óptica y, con el tiempo, disfrutar de esta gran capital. Entre fiestas, mudanza y adaptación al trabajo estos últimos días han sido una locura. Una locura buena, aunque al fin y al cabo una locura.

He salido de la seguridad que me daba Pontevedra para aventurarme en un camino que espero que dure mucho tiempo. No va a ser sencillo pero nadie dijo que los cambios lo fueran. Espero que esta nueva etapa me de muchas satisfacciones y alegrías. Seguiremos informando.

Todo acaba

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“Para que algo sea bueno, tiene que terminar”

Muchas veces he repetido esa frase este verano (lo cierto es que lo hago todos los años) y cada vez que pienso en ella no puedo estar más de acuerdo. La felicidad es un estado de ánimo que no puede ser permanente. Puede ser habitual y frecuente pero no podemos estar felices todo el tiempo ya que si lo estuviéramos, no la valoraríamos y se convertiría en algo a lo que no le daríamos importancia.

Ahora que ya te comienzas a tapar algo de noche, cuando ves que las primeras nubes empiezan a cubrir el cielo y que ya no hay tantos turistas te das cuenta que el verano se está acabando. Esta suele ser una época en la que soy muy feliz y al terminarlo no puedo si no sentir algo de pena y añoranza. Pero no todo es negativo, ya que cuando acabe este gran verano cada día solo será uno menos para que el siguiente vuelva.

La foto que acompaña esta entrada la hice en Arnela (Porto do Son, A Coruña), un campamento al que voy todos los años de voluntario y en el que siento la felicidad plena. No he podido encontrar otra foto mejor que esta para recordar lo que podré disfrutar dentro de menos de un año.

Cambios

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Siempre es complicado volver a escribir en un blog personal cuando llevas más de cuatro meses sin hacerlo. Disculpas no voy a pedir porque no creo que haya mucha gente al otro lado que se haya sentido defraudada por mi ausencia en la escritura, pero lo cierto es que desde la última vez que escribí ha llovido mucho, quizás demasiado.

Y digo demasiado porque desde octubre he visitado tres países (Dublín, Inglaterra y Portugal), he tenido y dejado trabajos, he tomado la decisión de emanciparme (como decimos por aquí, sen tempo non era) y he encontrado (o me encontró ella) a alguien que ahora está en mi vida, alguien que está en mi cabeza la mayor parte del tiempo, que aparece cuando me despierto y que es el último pensamiento cuando me acuesto. Alguien importante.

Y todo esto ocurrió en sólo cuatro meses. Cuatro meses que me han cambiado por dentro y por fuera, que han cambiado la forma en que me tomo la vida y que me han hecho sonreir de una manera que no recordaba.

¿Lo mejor de todo? Que tengo la impresión de estar aún empezando.

Foto | marcp_dmoz

Vuelta a la rutina

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Siempre se dice que la rutina es buena compañera, te evita el aburrimiento y la depresión pero lo cierto es que después de mi verano de campamentos, volver a la rutina es algo realmente negativo. ¿Por qué? Pues porque durante dos meses he tenido una rutina realmente diferente, a base de días completamente organizados, con mucha actividad y con mucha energía.

¿Y cual es el problema? Pues que esa rutina que tenía en verano es completamente diferente a la que tengo día a día en mi “vida normal”. Ahora toca estar muchas horas sentado, delante del ordenador o atendiendo a clases. Es un cambio tan grande que me está costando más de lo contado adaptarme.

Espero hacerlo en breve y espero, también, volver a la actividad de este blog cuanto antes.

Stay Tuned.

De espaldas y fisioterapeutas

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Una mala postura al dormir se convierte en un dolor insufrible al día siguiente y los que le continúan. Gracias a mi gran habilidad para posicionarme en la cama dormido estuve fastidiado unos cuantos días y hoy ha tocado ir al fisioterapeuta a que me echara un vistazo.

Sólo hicieron falta unos cuantos electrodos, un poco de calor y unas manos expertas para darme cuenta de que en la espalda tengo muchos más músculos de los que conocía y que todos pueden acabar doliendo a la vez.

El resultado es un poco incierto. Era la primera vez que visitaba un fisioterapeuta -será cosa de la edad- y no tengo mucha idea de como va esto, me siento como peor de antes de ir pero por alguna razón parece que mis músculos están más agradecidos.

Yo creía que los masajes eran placenteros y relajantes. Se ve que no todos. Y lo peor es que tengo que volver la semana que viene.

Londres

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La barca cercana al Tower Bridge

La semana pasada tuve el privilegio de poder realizar un viaje a Londres durante cuatro días con sus cuatro noches. Decir que era la primera vez que visitaba una gran urbe (Madrid y Barcelona no son comparables con Londres) y sólo comentar que he quedado maravillado.

Aunque fuimos muy de turisteo a ver todas las cosas posibles (a mí me suele gustar más vivir la ciudad), pude comprobar lo diferente que es una ciudad como Londres, multicultural, amable, grande, urbana… es todo lo que uno puede querer en una ciudad. Bueno, todo no, quizás para vivir el centro no sea lo mejor, pero es una gran ciudad para perderse y hacer lo que quieras, porque eso está claro, en Londres puedes hacer cualquier cosa en cualquier momento.

Me gustó tanto la ciudad que ya tengo ganas de volver. Eso sí, con algo más de calma y dispuesto a disfrutar de la ciudad al máximo, que los monumentos siempre están ahí para verlos en cualquier momento.

Y por supuesto, me llevé mi querida cámara conmigo, que me sirvió para inmortalizar todos los momentos que pasé con la gente y todos los sitios que visitamos. Es una ciudad muy fotografiable, por lo que merece la pena llevar la cámara a cuestas entre paradas de paradas de metro y paseos interminables.

Lo cierto es que no encuentro el momento para volver. Lo malo que tendrá que ser dentro de un tiempo debido a lo ocupado que voy a tener los meses que vienen y mi cuenta corriente, que ha quedado bajo mínimos gracias a lo cara que es la ciudad.

Volviendo a la Vida Real

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Es curioso como el ser humano se acostumbra rápidamente a entornos que le son cómodos. Es a la hora de cambiar ese estado de comodidad y placer cuando todo nuestro mundo se trastoca y nos cuesta horrores volver a ese entorno en el que no estamos tan cómodos y del que queremos huir en todo momento.

Ese cambio me está ocurriendo a mí estos días. He pasado mes y medio en un entorno idílico, con el mar a dos pasos, con un equipo excelente de personas que se convirtieron en mi familia a los pocos días y con un ambiente de bueno rollo y positivismo del que todos deberíamos disfrutar una vez al año. Ese entorno era el Campamento As Sinas donde he estado trabajando como monitor de tiempo libre hasta hace unos pocos días, ese entorno es el que dejo atrás y al que querría volver ahora mismo pero, lamentablemente, no puedo.

No puedo porque es algo idílico, es algo genial y bueno que tiene que acabar para que se pueda valorar y echar de menos como lo estoy haciendo ahora mismo. Ahora me toca volver a la Vida Real, esa vida en la que hay preocupaciones, problemas y gente que no te da abrazos cada vez que te ve. Esa vida en donde te levantas y no ves el mar, sólo un edificio gris que huele a hamburguesas diez horas al día.

Esa vida, ahora mismo, me parece una mierda. Y me lo seguirá pareciendo hasta que los recuerdos que he vivido este verano se vuelvan un poco difusos. Pero habrá que acostumbrarse y vivirla, porque los mundos idílicos sólo existen en pequeños paraísos y no pueden ser para siempre.