Media mañana, llaman a la puerta de casa, es el presidente de la comunidad, abro la puerta y entra un gato siamés por ella. El presidente me pregunta ¿es tuyo? Pues va a ser que no, no tengo animales en casa. El gato entró como perico por su casa y lo dejo ya que lo veo muy cómodo, salgo para llamar a una vecina de mi misma planta que sé que tiene gatos y ¡plas! la puerta se cierra tras de mi debido a la corriente, genial, yo sin llaves, el gato dentro y con la comida al fuego.

Y me ves a mí en el pasillo de mi casa con dos vecinos y que de repente baja una vecina del quinto. Al parecer es su gato que se ha escapado una vez más… no presto mucha atención a la conversación trivial ya que estoy maginándome el olor a quemado que iba a haber en breves minutos. La vecina del quinto (que es mi misma letra, por eso entró el gato tan tranquilo) me dice que cuando pueda entrar en casa que se lo devuelva, se ve que o le importa poco el gato o ya está acostumbrada a perderlo y que luego vuelva. Sigue leyendo »